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Tal vez sí, tal vez no… (La conexión que los unía)
El embarazo había sido una sorpresa. Izuku estaba con supresores y además había recibido un refuerzo justo antes de su celo, y Katsuki había intentado no abotonarlo… La mayoría de las veces.
Pero ahí estaban, las dos líneas paralelas que anunciaban un cachorro en camino y que los hicieron sentarse a discutir qué estaban haciendo, pero ante todo, qué eran y hacia dónde se dirigían.
—No quiero forzarte a nada —dijeron al unísono, parpadeando luego al mismo tiempo, y compartiendo una sonrisa nerviosa porque también había esperanza.
En el caso de Katsuki, no quería ser la clase de alfa que se impusiera sobre su omega y le exigiera una descendencia. Bastante luchaba contra estereotipos propios de su sexo como para caer en uno, así que ante todo quería darle a Izuku la opción de elegir por sí mismo si un cachorro era o no lo mejor para ellos.
En cuanto a Izuku, no quería dar la impresión de ser un omega desesperado y que Katsuki creyera que de alguna manera había utilizado una artimaña para salir embarazado y después forzarle a formar una familia con él. Antes que eso, prefería criar al cachorro por su cuenta y no aceptar ni un yen de su parte.
—Sé que no lo discutimos antes… —Dijo Izuku tras humedecerse los labios—. Pero no me imagino abortando a este bebé. Decidas o no formar parte de su vida, ser un padre de tiempo completo o tener custodia compartida, independientemente de si decides estar conmigo o no… Igual me veo teniéndolo.
—Entonces… —Katsuki encogió un hombro—. Tengámoslo.
En plural, dando a entender que sin importar que apenas ese año iban a cumplir 24 y serían los primeros en su grupo de amigos en pasar por algo similar, estaba más que convencido de que podrían hacerlo.
—O-Ok.
Y ese fue el día en que su relación comenzó.
Acordando intentarlo en serio como pareja, los primeros meses de su relación coincidieron con los meses de su embarazo, marcando un periodo cargado de nervios y ansiedad, pero también de ilusión y esperanza conforme la barriga de Izuku se iba haciendo más notoria y Katsuki se encontró tan posesivo del omega que a los 5 meses le entregó un anillo de compromiso, y a los 6 se mudaron juntos.
El último trimestre del embarazo fue idílico, con Izuku apenas resintiendo la ganancia de peso o los cambios en su cuerpo, y en su lugar disfrutando de la compañía de Katsuki en su nido, ronroneando alrededor de su centro y generoso aplicándole abundante crema de coco sobre la piel para aliviar su comezón.
Sabían por el sonograma que tendrían una niña y habían hablado de posibles nombres para ella. Tsukiko era uno. Katsumi el otro. E Itsuko el tercero, aunque seguían sin decidirse por uno que englobara todo lo que querían para ella.
En su nuevo departamento habían decorado la que sería su habitación en un neutral tono lila, y Katsuki se pasó un fin de semana completo armando la cuna y los muebles que habían comprado para hacer más utilitario el espacio, mientras que Izuku lavó todo lo que habían adquirido y con paciencia lo dobló en los cajones esperando por el cachorro que vestiría aquellos mamelucos tan suaves como una nube.
Disfrutando de la espera casi tanto como imaginaban que lo harían una vez tuvieran a su bebé en brazos, tuvieron las últimas consultas con la obstetra sin que ésta encontrara ninguna anomalidad. Izuku estaba en la flor de su juventud, en perfecto estado de salud y optimista al respecto, así que cuando a la semana 39 comenzó con contracciones, sólo se mostró una pizca inquieto por el dolor que le habían vaticinado durante el nacimiento.
Su doctora le había advertido que en madres primerizas el parto podía retrasarse, pero también había casos en los que se adelantaba, y mientras estuviera de término todo era favorable. Con esos pensamientos en mente se limitó a informarle a Katsuki que debían acudir al hospital, y el omega entró por su propio pie y se ingresó a sí mismo mientras el alfa pagaba el taxi.
Izuku fue ingresado con pronóstico de parto, y las primeras 12 horas fueron sólo eso. Dolores aislados, cansancio, de pronto verse ojeroso… Luego tuvo un desmayo cuando se levantó a orinar, y al escuchar el golpe, Katsuki se despertó a las 4 de la madrugada para ver al omega en el suelo en un charco de su sangre.
Nada había apuntado a una tragedia, pero así fue cuando la placenta se desprendió desgarrando la carne dentro de Izuku y creando una hemorragia tan severa que éste se desangró y murió en el quirófano.
De la bebé que con tanta ilusión habían esperado, Katsuki sólo recibió la noticia que no había conseguido superar los minutos que permaneció privada de oxígeno, y se le mostró con su omega en brazos cuando ya ambos tenían una palidez mortal pero sólo aparentaban estar en un profundo sueño.
Y ese fue el día en que su relación terminó.
***
Katsuki había escuchado de individuos con quirks tan poderosos que el gobierno optaba por encerrarlos en el Tartarus si se negaban a cooperar, y otros a los que les otorgaba inmunidad especial y protección para esconderse. Izuku sabía al respecto porque como analista de quirks se le había entrenado para identificar en los registros a personas como esas y ofrecerles las dos opciones a su alcance; o estaban a favor de la Comisión de Héroes o en su contra, y la mayoría elegía la primera opción.
Así que valiéndose de que la contraseña de Izuku en su computadora era la fecha de su aniversario (la misma de cuando habían descubierto que estaba embarazado), Katsuki accedió a información privilegiada y supo del paradero exacto de un adolescente cuyo quirk era el viaje en el tiempo.
¿Simple, no? Así podría prevenir a Izuku o a sí mismo de lo que se avecinaba y prevenir la tragedia, pero ni de broma resultó tan fácil.
—Uh, no. Cambiar una línea temporal es más complicado que eso —le reveló el dueño del quirk, Shizenko Kaito, al escuchar que su primer intento había fallado.
Con un quirk que le permitía viajar exactamente 15 minutos y 3 segundos al pasado o al futuro en el tiempo de su elección y conectado a la persona con la que quisiera hablar, Katsuki dio por sentado que sería tan fácil como hablar con Izuku horas antes de que tuviera las primeras contracciones y pedirle que se adelantara acudiendo al hospital y evitando la tragedia, pero al volver a su tiempo actual descubrió que nada había diferido del resultado final.
—¡Explícate mejor, caray! —Le exigió Katsuki entonces a Kaito, que bajito y regordete, llevaba gruesas gafas para leer y se las subió por el puente de la nariz con apuro.
—Es que… Uh, no lo sé. La Comisión de Héroes tiene restringido el uso de mi quirk, y lo que he descubierto ha sido bajo su supervisión. Ni yo sé cómo funciona del todo.
Escuchando de Kaito que varios héroes de la Comisión habían viajado al pasado con anterioridad intentando prevenir ciertos eventos catastróficos conocidos, Katsuki se llevó un chasco al descubrir que la tasa de éxito era tan baja que casi podía considerarse inexiste.
—Es como si… Como si cualquier línea temporal se negara a cambiar en hechos importantes. Es decir, puedes viajar al pasado y hacerte beber café con leche en lugar de té de la máquina expendedora y eso no cambia nada, pero es distinto cuando se trata de un hecho conectado a otro. Si beber ese café con leche te orillaba a otra decisión mayor, y esa a otra más, entonces será imposible cambiar ese hecho. Claro, a menos que estés dispuesto a un cambio drástico como destruir la máquina expendedora, o más que eso…
Analizando lo que Kaito le contó, Katsuki probó con una docena de viajes al pasado para comprobar las estipulaciones de su quirk, y en efecto, daba igual lo que hiciera antes de que la tragedia golpeara, Izuku y el cachorro morían por igual sin importar cuánto previniera esa ocurrencia.
—Ya, porque es su destino morir, ¿no? —Dijo Kaito, a nada de ganarse un puñetazo sin saberlo—. Así que para conseguir que eso no ocurra…
—Debo ir más atrás en el pasado —murmuró Katsuki para sí.
Sin embargo, daba igual que tan atrás se dirigía en el tiempo, la doble muerte era inevitable.
—¿Y si ese embarazo es lo que debes evitar? —Preguntó Kaito tras otra docena de viajes que propiciaba al pasado—. Si lo piensas… Parece ser el hecho contundente que desencadena todo.
Horrorizado por las implicaciones, recordando el primer sonograma, las pataditas que sintió contra su mano, y la elección de nombre, Katsuki se sintió ahogado al imaginar que tendrían que renunciar a ese cachorro, pero se atrevió a intentarlo a cambio de conservar a Izuku, y lo que comenzó con una falta de embarazo y que su relación tardara en consolidarse 1 año más en la siguiente línea temporal, de vuelta se volvió una tragedia cuando el omega resultó embarazado a sus 29 años, de vuelta con una niña, y sufriendo el mismo desprendimiento de placenta que los llevó a la muerte.
Así que habían cambiado el pasado, pero no su destino.
—Te lo dije antes, ¿o no? —Repitió Kaito, quien por los últimos 3 años había ayudado a Katsuki a viajar al pasado a la sazón de una vez por día (ese era el límite de su quirk) sin que éste pudiera remediar lo que ocurría con su omega y cachorro—. Para eliminar un hecho, tienes que arrancarlo de raíz en la línea temporal. De otra manera, seguirá repitiéndose.
—Tengo que destruir la máquina expendedora… —Masculló Katsuki para sí, pues sin importar cuántos cambios hacía en el pasado o que el embarazo de Izuku fuera distinto al primero, el resultado acababa siempre por ser el mismo cuando llegado el momento de dar a luz a ese bebé, su placenta se desprendía y la hemorragia acababa con ambos.
Daba igual que con antelación acudieran a la sala de urgencias o se le practicara una cesárea, porque el embarazo detonaba la muerte, y la única manera de corregirlo era evitarlo por completo.
—Pero… Tiene que haber otra salida, otra opción… —Gruñó Katsuki, incrédulo de la vida solitaria a la que obligaba a Izuku a vivir a su lado cuando era obvio que el omega anhelaba una familia.
—¿Y si lo dejas en paz? A ese omega, a Izuku —sugirió Kaito—. Rompe con él en el pasado, y viaja al futuro para ver cómo terminó todo para ustedes.
Pero la que comenzó como una sugerencia desesperada, al final resultó ser un plan trágico cuando Katsuki se vio a sí mismo de 50 años, deprimido y lamentando la muerte de Izuku acaecida un cuarto de siglo atrás por un embarazo con el alfa que había sido su pareja después de que cortó comunicación con él.
—¿Sigues viajando en el tiempo? —Le preguntó ese Katsuki mayor a la versión presente, y éste gruñó una afirmación—. Yo me rendí pensando que no había más salida, pero con el tiempo pensé en una última idea… Y tendrás que decidirlo antes del 13 de octubre de ese año tuyo.
—¿Por qué?
—Kaito va a morir. Y la posibilidad de viajar en el tiempo va a cerrarse.
Empujándose las gafas en el tabique nasal, Kaito no se inmutó al saber que le quedaban menos de 2 meses antes de morir. Pragmático hasta la médula, era curioso pero creía en el destino y en el concepto del karma, así que recibió la noticia de su muerte casi con indiferencia, y se limitó a preguntar cómo sería.
—Tus gafas… Tu graduación actual es mala, así que no verás bien al cruzar la calle el automóvil que se saltará una señal de alto y te arrollará.
—Ya.
—Podrías ajustar tus gafas ahora.
—Eso no cambiará mi muerte —dijo Kaito—. El hecho es que mi vista es mala, y eso es inamovible. Da igual cuánto haga ahora, ya sea cambiando de gafas o evitando esa calle, porque la hora de mi muerte es fija.
—Mierda…
—Mejor tratemos de solucionar tu problema, ¿quieres?
Aceptando aquel regalo que el adolescente le hacía incluso con su muerte tan cercana, Katsuki probó distintas estrategias, cada una más desesperada que la anterior, hasta que orillado a lo inevitable, se planteó qué era aquello que llevaba a Izuku a la muerte.
Por descarte rápido, era su embarazo. Su cuerpo jamás podría llevarlo a término de manera satisfactoria, ni ahora ni nunca, ni con él ni nadie más. Evitar el embarazo era una cosa, ¿pero no había sido su primer bebé un accidente? En ese baile eran dos, y Katsuki tragó saliva con dificultad porque habría dado lo que fuera por evitar esa ruta.
Una simple cirugía electiva, que incluyó más vergüenza que dolor cuando el médico cortó sus conductos seminales y declaró que era todo, y Katsuki respiró con alivio.
Izuku recibió la noticia con estoicismo, y estuvieron a punto de romper. Por un tiempo, el omega hasta salió con alguien más y Katsuki vio demasiado cerca la posibilidad de perderlo si es que buscaba en el otro alfa lo que él no podía darle, pero al final Izuku volvió a su lado.
—Ok, no quieres cachorros propios, pero… ¿Estás dispuesto a adoptar?
—Todos los críos que quieras.
—¿Uno o dos?
—Cinco si con eso te basta, o diez si te crees capaz para el reto.
—Empecemos con uno y después veremos…
***
Izuku siempre dedujo que Shizenko Kaito era una especie de familiar lejano de los Bakugou, quizá algún primo de Katsuki por la diferencia no tan notoria de edad entre ellos, pero era raro no conocer de su existencia sino hasta después de su muerte, cuando su alfa insistió en viajar hasta otra prefectura y presentar sus respetos.
El chico, en su último año de preparatoria, había muerto arrollado por un autobús, y Katsuki se demoró lo suyo acomodando las flores que habían traído al cementerio y colocando una lata de café con leche sobre el mármol.
—¿Quién era Kaito-kun, mamá? —Preguntó Eri, que a la sazón de 6 años, era su primera hija adoptada y consideraba tanto a Izuku como Katsuki sus padres.
—Familia —repitió Izuku lo que Katsuki solía decirle con aquella pregunta.
Una mentira, sabía él, después de investigar al respecto y descubrir que el nombre estaba vinculado a un quirk tan poderoso que la Comisión de Héroes había mantenido intensa vigilancia en el chico hasta el mismo día de su muerte. Sin conseguir aclararse cómo era que Katsuki lo conocía o qué papel había jugado en sus vidas, el omega sólo podía ofrecer incienso por Kaito y esperar a que tal vez algún día su alfa le contara cuál era la conexión que los unía.
Tal vez sí, tal vez no… Y esperando a que Katsuki terminara de pagar sus respetos por Kaito, sujetó la mano de Eri sin imaginar hasta qué punto le debía la vida a ese pobre chico.
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