Work Text:
Seis meses antes de que Mo Xuanyu ejecutará la matriz de sacrificio del alma, Lan Huan recibió una visita inesperada de un discípulo de Yunmeng Jiang. Ya estaba iniciando el invierno de Receso de las nubes y él se estaba preparando para asistir a la cena cuando un discípulo llegó corriendo a buscarlo. Un mensaje de Yunmeng Jiang, urgente. Un pedido que solo podía tomar el líder del clan. Ante la prisa con la que era llamado, Lan Huan no dudó un momento de que se trataba de una emergencia grave.
Lo que recibió en la entrada de su secta fue el rostro cansado de un discípulo mayor, que a pesar de su agotamiento se mostró férreo ante su presencia. Le extendió la misiva y lo miró como si esperara la siguiente instrucción.
Lan Huan esperaba cualquier cosa de una emergencia de Yunmeng Jiang, pero no imaginó esta. Desviación de qi, maldición… el líder del clan Jiang se encontraba en peligro de muerte si un cultivador tan fuerte como su núcleo no fuera capaz de auxiliarlo. Solo titubeó cuando llegó al final de la carta.
No tenía sentido.
Su rostro debió ser muy elocuente, porque el discípulo que trajo la comunicación soltó el aire como si esperara esta reacción.
—¿Sabes lo que está escrito en esta carta? —preguntó Lan Huan, sobrecogido por la sorpresa. El discípulo asintió con solemnidad—. ¿Estoy en lo correcto sobre lo que me están pidiendo?
—Sí, líder de secta Lan. —El hombre no bajó en ningún momento su mirada, transmitiendo así toda la imperiosa necesidad que tenía de convencerlo—. Con toda seguridad, si los sanadores de Yunmeng Jiang hubieran encontrado otra manera, no vendríamos a las puertas de Receso de las nubes a importunarlo.
—Pero esto es…
—Fue una maldición hecha con total alevosía para destruir a nuestro líder, en todos sus frentes. Su reputación o su vida. Empeñar el orgullo, su dignidad. —El discípulo apretó sus puños y su mandíbula se endureció de ira—. Pero nuestro líder es más fuerte,y sabe que su vida es más importante que… su honor.
—¿Cuántos lo saben?
—Solo tres discípulos principales, incluyéndome, los cuatro sanadores de Yunmeng Jiang y ahora, usted, líder de la secta Lan.
—¿El líder de secta Jiang les autorizó informarme?
—Sí. Él está de acuerdo.
El mareo ante esta muestra de vulnerabilidad y confianza lo tomó por sorpresa, pero logró sobreponerse después de un par de respiraciones. Guardó la carta dentro de la manga.
—Supongo que no hay tiempo que perder.
—No… nos demoramos mucho para encontrar esta solución y convencer a nuestro líder de tomarla.
—Entiendo. Discípulo Lan Yu —llamó a un discípulo de la guardia en las escaleras que mantenía una distancia de la conversación—, por favor, comunicale al maestro Lan que me tengo que retirar para una misión. Volveré en cuanto termine. Dile que le explicaré los detalles a mi regreso.
—¡Sí, líder de la secta Lan!
—Por favor, discípulo…
—Jiang Baiyu.
—Bien, Jiang Baiyu, por favor llévame con tu líder.
El recuerdo de ese viaje de espada, con su corazón martillando contra su costilla ante la gravedad de la situación, vuelve a él en medio del letargo mientras observa las paredes grises de su propio hogar. Se encerró allí porque no tenía la excusa de irse a ningún lado: ni a Lanling Jin, donde las marcas de sus propios fracasos caerían sobre su rostro cuando todos los ancianos lo mirasen buscando si era cómplice de todo lo que hizo Jin Guangyao, ni a Yunmeng Jiang que fue testigo de todo lo que él fracasó.
La reclusión fue la única forma de huir que encontró: huir de todos y de sí mismo. Sin embargo, mientras mira el sol que sube al mediodía a través de la ventana y la antigua pintura que había dejado sin hacer hace varios meses, se pregunta si habrá un momento en que pueda salir de allí. Ante todos los recuerdos que tiene, la gran mayoría de ellos no son seguros: o Nie Mingjue o Jin Guangyao estaban en ellos y eso solo laceraba más su corazón destrozado.
Se dejó caer sobre la cama, mirando de lejos a la pintura sin terminar con la vista de Yunmeng Jiang amaneciendo sobre el cielo. Había olvidado terminarla, porque había perdido el sentido de hacerlo. No obstante, verla le traía recuerdos. Fue precisamente en la madrugada que llegaron, porque una tormenta los sorprendió en el camino y tuvieron que desviarse. Mojados, con algunas marcas de nieve y hielo pegado en sus túnicas, sobrevolaron sobre la parte trasera del muelle para aterrizar justamente en el pabellón familiar.
El segundo discípulo de Yunmeng Jiang los esperaba allí, con su rostro ansioso, que incluso hacía que la cicatriz bajo su boca se notará más. Hizo una inclinación profunda ante su presencia y Lan Huan sintió el retorcijón al saber lo que vendría.
Lo llevaron hasta la habitación al lado de la principal. Al ver la decoración por dentro, pudo notar que era la de Jin Ling cuando se quedaba en Muelle de loto. Muestras de juguetes antiguos adornando la estancia, libros de Yunmeng Jian y de Lanling Jin en los libreros, y detalles de lila y amarillo en la decoración, la marcaban como tal. De momento, parecía haberse convertido en el centro de revisión de la salud del líder de secta.
—Líder de la secta Lan, gracias por venir —Una anciana vestida como de Meishan Yu, pero con la campana Yunmeng Jiang, se inclinó ante él junto a otros sanadores—. Entiendo que sabe lo que se necesita aquí.
—Quisiera intentar antes de cualquier cosa con Claridad. Es una melodía espiritual que ayuda a calmar el espíritu. Estoy seguro…
—Aliviará la aflicción, Zewu-jun, pero no el origen. La maldición que tiene nuestro líder no se calmará hasta que sea repelida con el cultivo dual.
—Zewu-jun —se acercó el discípulo principal con seriedad, con sus mangas largas y su aspecto administrador—. Si fuera tan buen cultivador como mi líder, asumiría con toda seguridad el deber de salvarlo con el cultivo dual. Lamentablemente tanto yo, como mis hermanos marciales, no tenemos el nivel de cultivo necesario.
—Estoy seguro de que el líder Jiang valora la lealtad mostrada por sus discípulos. —Lan Huan habla, comprendiendo más aún la gravedad.
Todos ellos habían llegado a Yunmeng Jiang en medio de la guerra, pelearon con Jiang Cheng hombro a hombro rodeado de cadáveres y ni siquiera tenían un entrenamiento adecuado. Aunque nadie lo mencionaba, era sabido que los discípulos principales de Yunmeng Jiang no podrían competir cuerpo a cuerpo con los jóvenes que tuvieron una educación más honrosa; sin embargo, eran peligrosísimos porque fueron entrenados como casi mercenarios.
—Igual quiero intentarlo con Claridad —se mantuvo en su posición. Todos ellos se miraron y la anciana finalmente accedió.
Todos los demás abrieron paso hacia la puerta que conectaba la habitación de Jin Ling con la del líder del clan. La anciana se acercó a él mientras le señalaba la puerta y Lan Huan se apresuró a escucharla.
—Puede que sea necesario aplicar el cultivo dual en varias ocasiones, hasta que se rompa la maldición. Se ha intentando con intercambio de energía, no obstante, la maldición la absorbe toda y está a punto de comerse el núcleo del líder Jiang. Un intercambio poderoso, abrupto, puede ser capaz de romperla. Eso solo es posible con el cultivo dual.
—Perdone que lo pregunte, ¿pero Jiang Wanyin está de acuerdo con este método?
—Jiang Wanyin sabe que no puede dejar que él último familiar de Jin Rulan muera…
Lan Huan no quiso acotar que aún quedaba Jin Guangyao y una cantidad de primos, porque entendía que no era lo que querían escuchar. Ahora puede entender, a la luz de los hechos, de la tragedia que habría sido para Jin Ling haberlo perdido a ambos. En ese momento, solo asintió mientras miraba la puerta con nerviosismo.
—Intentaré con Claridad y si no logro el resultado que esperamos, seguiré sus instrucciones.
—Hay frutas, bollos de arroz, bollos al vapor y té suficiente para varios días, Zewu-jun. También aceite, para facilitar las cosas.
A pesar de él, Lan Huan sintió calor en sus mejillas. Solo asintió a sus palabras.
—¿Tiene experiencia, Zewu-jun? —la mujer lo miró fijamente. El rojo de sus orejas debió correr a su cuello en ese momento—. Por favor, sea gentil con nuestro líder.
—Haré mi mayor esfuerzo.
Con dos respiraciones profundas, Lan Huan abrió la puerta corrediza mientras se sentía como si fuera a la cueva de una bestia espiritual. Las velas del recinto de Jiang Wanyin estaban encendidas por todos lados, dando una iluminación dorada a la estancia completa, decorada con símbolos púrpuras, lotos y ranas de madera, así como algunos libros antiguos rescatados. Cerró la puerta tras él y sintió la forma en que los talismanes de silencio volvieron a activarse, como una cúpula privada solo para ellos.
A primera vista, el líder Jiang no se encontraba allí. Pero si se detenía a escuchar los sonidos de la habitación, encontraría una respiración errática detrás de la mampara y vería entonces la sombra de una persona sentada frente a un escritorio bajo, tratando de usar con dificultad la pluma al escribir. El nerviosismo bailaba en el aire. Lan Huan pudo respirar el miedo de Jiang Wanyin cuando este se detuvo un momento tras la mampara y luego continuó con su tarea. Él tomó su xiao de la cintura y tomó asiento fuera, aún manteniendo la figura de Jiang Wanyin velada tras los muebles.
—Zewu-jun —La voz entrecortada de Jiang Wanyin se escuchó cuando llevaba el xiao a sus labios—. Lamento preguntar, pero debo hacerlo… ¿ha entendido para qué es necesario aquí?
—Sí, líder Jiang. He entendido y estoy dispuesto.
—Entonces… ¿Qué demonios hace afuera a punto de tocar su música Lan? ¿No le han dicho que será inutil?
—Por seguridad, quisiera asegurarme de su inutilidad antes de descartarla.
Jiang Wanyin se levantó. El estómago de Lan Huan cayó en picada cuando notó la figura del líder Jiang aparecer tras la mampara, con una túnica privada que apenas ocultaba lo propio. Su piel brillaba por el sudor en medio de las velas, se veía roja, acalorada. El cabello de Jiang Wanyin caía sobre su hombro, ondulado de una forma preciosa y desenfadada. La imagen de Sandu Shengshou vista de esta forma tan vulnerable y transparente, sacó su propio aliento con una exhalación profunda, dejándolo sin aire.
Pero allí estaba, visible. La maldición aparecía desde debajo del ombligo como tentáculos rojos que subían a su abdomen y abría sus garras hasta su pecho, incluso sobre la enorme cicatriz. Eran líneas rojas y naranjas que parpadeaban y respondía a la dificultad con la que Jiang Wanyin parecía respirar, aunque en un último rasgo de dignidad, evitó demostrar el dolor horrible que debía estar sintiendo.
Entonces entendió… conforme más pasaba el tiempo, la maldición llegaría a su cuello y lo asfixiara, después de provocarle un dolor profundo. Era…
—Los tentáculos de la meretriz —Jiang Wanyin dijo en voz alta, despectivamente—. Debes conocerla, Zewu-jun.
—Solo la había visto en los libros, pero esto…
—Una maldita anciana me la lanzó en venganza por la muerte de su hijo, un cultivador demoníaco del sur.
Lan Huan no creyó escuchar del propio Jiang Wanyin que los rumores de su persecución al cultivo demoníaco eran ciertos, pero la aceptación misma tampoco generó una diferencia en él. Lo entendía, de hecho. Trago grueso mientras se levantaba, sabiendo ya que cualquier música no podía contra esta maldición que ataca a una velocidad espeluznante y está aferrada a su núcleo.
—En personas comunes, provocan que un deseo exacerbado nuble su voluntad y lo busque yacer con otras personas hasta que se vea ahogado. Ningún encuentro le dará placer sino dolor hasta la muerte.
—Tengo el núcleo lo suficiente fuerte como para mantener en algo mi voluntad —dijo Jiang Wanyin levantando la barbilla, pero al acercarse, fue evidente el temblor casi imperceptible de su cuerpo—. Pero tal parece que no puedo destruirla por mí mismo.
—No, no es posible…
Volvió a mirar hasta donde el cinturón sujetaba la suave túnica en la cadera de Jiang Wanyin. Los tentáculos subían desde allí, pero era imposible no notar los músculos marcados de su vientre y la profunda depresión en V que se dibujaba. A pesar de sí mismo, el calor empezó a llenar sus entrañas.
—¿Entonces? —Jiang Wanyin se incomodó con su mirada y Lan Huan apartó la atención con vergüenza—. ¿Qué debo hacer, Zewu-jun? ¿Le será más fácil si me acuesto en la cama?
—¿Ha tenido experiencia, Jiang Wanyin?
—No estoy casado. —Es todo lo que respondió él. Inmediatamente le dio la espalda y avanzó a la cama.
—Entiendo… yo no he sido tan rígido al respecto.
—¿Y bien…? ¿Cómo debería…?
Los nervios ya empezaban a afectar a Jiang Wanyin, al igual que su incomodidad.
—No me voy a acostar de forma indigna, dándole la espalda y haciéndolo como los perros.
—No, no será necesario. —Lan Huan dejó el xiao sobre la mesa cercana, también su espada—. Permíteme mostrarle el nivel mismo de vulnerabilidad, Jiang Wanyin. Para lo que haremos, será más cómodo para ambos.
Lan Huan primero quitó la cinta, la que llamaba al recato, al decoro y a la contención. La dobló cuidadosamente al lado de su espada, antes de iniciar el desmontaje de cada una de sus capas. Túnica por túnica, la fue retirando hasta que solo quedó el pantalón que guardaba su desnudez, todo sin ver a Jiang Wanyin.
Miró entre las otras mesas bajas las setas de frutas y las bandejas de comidas listas para servir, al igual que el té. Lan Huan supo que no debía alargarlo, así que lavó sus manos con el agua del lavado, se secó con la toalla cerca y luego hundió unos dedos sobre el boll del aceite. Masajeo sus palmas, el interior de ellas y cada nudillo mientras escuchaba la respiración errática del líder Jiang a su espalda.
—Nada de lo que pase aquí dice nada de usted, Jiang Wanyin. Tampoco dirá nada de nosotros. —Lan Huan tomó aire antes de girar su mirada y encontrar al Líder Jiang de píe, con el rostro más enrojecido, incómodo bajo su propia piel—. No significa más que un ritual para romper una maldición, así que quiero que confíe en mí.
Se acercó y alargó sus manos para tomar el cuello de Jiang Wanyin y acercarlo. Las luces de las velas dejaban suaves motas doradas sobre su nariz y sus pómulos altos, y desde esa tan corta distancia, era posible ver pequeñas marcas de sol. Viéndolo así, se podía notar su juventud, lejos de la armadura de hierro que se formó tras tantas pérdidas, por fin podía ver el hombre que llegó al liderazgo demasiado joven y se forzó a crecer. Los ojos almendrados de Jiang Wanyin estaban sobre él, abiertos y vulnerables, como un cervatillo asustado.
—Para que esto funcione, necesito que se relaje. —Presionó suavemente dos yemas de sus dedos contra su nuca y Jiang Wanyin tembló bajo sus manos. Un sonido suave y desvergonzado brotó de su garganta y echó su cabeza hacia atrás, cediendo al masaje—. El cultivo dual no es solo sexo. Se trata de conexión, de confianza, de placer… Al principio, debido a esta maldición, será incómodo, pero conforme esta sensación cambie, por favor, déjese llevar.
—Hablas demasiado… —suspiró fuera de sí, entre irritado y ansioso. Lan Huan sonrió contra el borde de su mandíbula afilada.
—Entonces, desnúdate y acuéstate en la cama, Jiang Wanyin.
A pesar de sus palabras, no lo soltó. Lo guió suavemente presionando pequeños círculos con sus yemas tras la nuca y moviendo el cuerpo de Jiang Wanyin contra la cama. Besarse sería demasiado íntimo, así que Lan Huan cubrió esa necesidad con roces de su nariz sobre la mandíbula de Jiang Wanyin, mientras sus dedos bajaban desde el cuello hasta su clavícula y luego más abajo. Los ojos del líder de secta Jiang se habían oscurecido. Su respiración se volvió expectante conforme sus dedos bajaban al nudo de la túnica y la abría. La tela cayó a sus pies.
En la desnudez de Jiang Wanyin no solo estaba la marca de la maldición, sino de las múltiples guerras e innumerables pérdidas. Cicatrices que ningún cultivador debía tener estaban allí, expuestas, empezando con la de su pecho que atravesaba desde el pezón izquierdo hasta el borde de su cintura. Cuando Lan Huan lo empujó sobre la cama y Jiang Wanyin se apoyó en ella, usó su mano aceitosa para tomar el muslo izquierdo y levantarlo más arriba.
El gemido de Jiang Cheng, entre sorpresa y vergüenza, lo atravesó como un rayo.
Soltó el aire por la boca y miró con hambre la figura que se ofrecía. Jiang Wanyin estaba más sensible debido a la maldición, lo sabía. Sin embargo, verlo así, escucharlo respirar de esa manera, sentir el aroma de la excitación cocerse lentamente, lo estaba calentando. Solo hizo distancia para buscar el cuenco de aceite y ponerlo al lado de la cama. Se puso entre las piernas largas de Jiang Wanyin y tuvo que contener el aire cuando vio el pene semi erecto del hombre con tan solo unos roces.
Empezó a derramar el aceite sobre el vientre de Jiang Wanyin y lo escuchó gemir ante el cambio de temperatura. Lan Huan decidió que el mejor curso de acción era acostumbrarlo a su toque, hacerlo sentir relajado con sus manos, para luego empezar a copular. Inició a extender el aceite desde su vientre a su pecho, sus manos se abrieron para masajear sus biceps, rozar sus tetillas, subir a los hombros y luego bajar a cada brazo. Presionó puntos erógenos conocidos para aumentar el placer. Envolvió y masajeó sus palmas para mejorar la circulación. Regresó a sus hombros y bajó serpenteando sus dedos hacía el vientre, donde presionó.
Lan Huan no podía dejar de mirar las reacciones de Jiang Wanyin, el modo en que suspiraba, la forma en que espalda se arqueaba, cómo respondía su piel al tacto. No pudo dejar de hacerlo incluso cuando su mano bajó y presionó el escroto.
Jiang Wanyin gimió alto, agudo. Subió sus brazos para taparse el rostro, como si ocultara su vergüenza, pero sus caderas se levantaron buscando más contacto. Lan Huan sostuvo suavemente la fina piel, apretó con cuidado cada testiculo, los masajeó, sintiendo como se endurecía y observando cómo el pene se levantó por completo y se llenó de preseminal
Que ganas de tragarlo… Lan Huan miró la punta húmeda y bajó el prepucio con cuidado para verla expuesta. Que ganas de besarlo. Tragó con dificultad mientras usaba su otra mano aceitada para masturbar el pene enrojecido y Jiang Wanyin soltó una maldición atribulada. Que ganas de tenerlo en la boca, de hacerlo sentir crecer contra su lengua. Para ese punto, Lan Huan estaba tan duro como Jiang Wanyin, mientras sus manos trabajaban.
Levantó la mirada para ver a Jiang Wanyin indefenso ante el ataque de sus manos, estirando su espalda, echando atrás su cabeza, tragando con dificultad sus gemidos. Miró la mandíbula afilada, aceitada y sudada al rojo vivo. Sus labios abrirse y morderse tratando de contener sus sonidos. Sus caderas temblando, sus muslos tensándose contra sus costados. Que hermoso era… pensó. Como no lo había imaginado así. Con la boca seca, respirando difícilmente, Lan Huan liberó el escroto para trazar líneas rectas en su perineo, presionando allí.
Líneas blancas llenaron el abdomen de Jiang Wanyin mientras este jadeaba un sonido atragantado. Lan Huan sostuvo su pene mientras se descargaba, sintiendo la dolorosa erección dentro de su pantalón y las ganas de beber en su garganta.
Ojalá pudiera revivir el recuerdo con el calor en su sangre.
Pero lo que ve en ese momento es a Jiang Wanyin en la oscuridad de su habitación, juzgándolo con su mirada acerada y su rostro frío, como si lo que viera es un pedazo de tela desechado y en el olvido. Lan Huan traga ante la imagen porque es nueva desde que empezó su reclusión… ¿Cuántos días lleva? ¿Diez? ¿Quince? Quisiera tener las fuerzas para hacer algo diferente a lo que hizo con da-ge, cuando quiso estar de rodillas suplicándole perdón, o con Jin Guangyao, preguntándole mientras lo sujetaba de sus túnicas porque no completó su amenaza con él, pero sus piernas están demasiado pesadas, él se siente cansado.
—Deberías comer —escucha su voz inusualmente suave.
Lan Huan mira como si en cualquier momento pudiera desaparecer, pero por más parpadea, la imagen sigue allí. Incluso se mueve. Observa que carga en uno de sus brazos una de sus túnicas, en otros libros que no logra identificar en la oscuridad. La luz de la vela tiembla (¿cuándo la encendió?) y el hombre deja los libros sobre la mesa baja, la túnica sobre el diván.
Pero el Jiang Wanyin que está allí no fue el que temblaba entre sus manos después de hacerlo llegar al primer orgasmo de la noche. No era él con su piel bronceada y aceitada, moteada de rojo, con sus labios tiritantes y sus pestañas mojadas. Jiang Wanyin tenía todo el acero de su orgullo cubriéndolo en túnicas de sedas. Sus hombreras anchas mostrando la amplitud de sus hombros y la estrechez de su cintura. Zidian en su mano, su cabello fuertemente amarrado y guardado bajo su guan. Impasible como si estuviera listo para una conferencia entre secta.
No tiene energía para sentirse decepcionado de que no apareciera la imagen así, como la estaba recordando.
Jiang Wanyin despareció tras el biombo y luego regresó con una bandeja de plata y un cuenco pequeño. Se sentó al lado de su cama y colocó la bandeja en el suelo. Si no fuese por el aroma, Lan Huan no creería que él realmente estaba allí.
Tampoco tiene fuerza para sorprenderse.
—Deberías comer —insiste Jiang Wanyin. La vela entre ellos tiembla y las líneas rojas y amarillas se dibujan ferozmente sobre su rostro pétreo. Una mueca (¿será decepción o ira?) intenta aplacarse de su labio.
—¿Qué hace aquí, líder de secta Jiang?
—No se si recuerdas que envíe una misiva poco después del sello en la tumba del templo Guanyin, pidiéndote una reunión para conversar sobre cómo manejaremos esta situación en el futuro.
¿Cuál situación? Intenta estrujar su cerebro buscando una respuesta, pero el ceño que se forma en las cejas de Jiang Wanyin no ayudan.
—Jin Ling —aclara y Lan Huan sigue igual de confundido—. No puedo confiar en Qinghe Nie ahora con lo que ha ocurrido y la única gran relación que le queda es Gusu Lan.
—Estoy en reclusión.
—Eso escuché al llegar. El maestro Qiren explicó que no podrías atenderme y que él se haría cargo de cualquier tema concerniente.
—¿Qué haces en mi habitación?
—No sé si recuerdas, Zewu-jun —La irritación se filtra en la voz de Jiang Wanyin y, por fin, una primera emoción le alcanza el pecho—, pero respondiste a mi carta dándome una reunión y he venido a buscarla.
Lan Huan se siente de papel cuando se gira para darle la espalda a Jiang Wanyin, el mundo de cultivo y todo lo que su título representa.
—Jiang Wanyin, hubiera sido más interesante recibirlo si viniera como lo recuerdo: desnudo y húmedo, gimiendo mi nombre mientras te poseía y arrastrando tus uñas en mi espalda. Si no es eso, honestamente cualquier otra cosa poco me interesa.
Escucha y siente la energía de Zidian chispear detrás de él y luego la forma abrupta en la que Jiang Wanyin se levanta y sale de su habitación como si fuera una tormenta. El frío regresa a la habitación apenas la puerta se cierra con un golpe, pero Lan Huan no tiene menos ira. No disminuye su irritación. Deja que el olor de la comida se pierda y se enfríe, mirando fijamente la pared mientras espera que otros entes vengan a visitarlo para otra noche en vela.
Por un momento, en la mañana, vuelve el conocido sentido de culpa a golpearlo y patearlo hasta dejarlo como un saco de carne hueso ensangrentado en el suelo, destruyendo todo intento de meditar. Yunmeng Jiang y Jiang Wanyin confiaron en él en ese momento difícil y él le dió la palabra que lo de esa noche jamás sería usado en su contra y acababa de escupirlo en su cara como respuesta a su petición de comer. Vuelve en él el sentimiento de inmerecimiento y rabia sobre sí mismo, luego la ira justa por qué… ¿A quién le importa? ¡Está es su decisión y deberían respetarla!
Intenta escribir una carta que luego destroza.
En otro momento está sobre su cama, mirando la pared.
El tiempo se diluye mientras se arrastra hasta la bañera fría y se enjuaga la cara. Se difusa entre sus miradas erráticas en la pintura del amanecer de Yunmeng Jiang apartada en el fondo de su habitación, con una túnica encima cubriéndola parcialmente. Se esparce con su cuerpo lánguido en la otra esquina de su sala intentando meditar y fracasando mientras vuelve atrás a los recuerdos de las últimas veces que vio a da-ge.
El agua corre por su cabello y reacciona un instante para mirar hacia atrás y notar a su shufu, con sus mangas perfectamente amarradas a sus codos, ligeramente húmedas mientras peina su largo cabello. No dice nada… solo se observan las velas encendidas y la forma en que enfatizan sus rasgos preocupados.
Al sentir el conocido nudo en la garganta, Lan Huan parpadea hacia la pared. Su corazón se quiebra y si llora en silencio, si siente los dedos húmedos secándolas sin hablar, él simplemente no tiene fuerza para detenerlo.
—Esto no es una reclusión. Te estás castigando.
Eso no sonó a su shufu. Lan Huan se mueve con dificultad en la cama, con el cabello seco y la boca pastosa, y observa a Jiang Wanyin de nuevo en su habitación. ¿Qué haces aquí?, quiere preguntar pero la garganta la tiene tan seca, los labios tan apretados…
Jiang Wanyin chasquea la lengua. Las túnicas de Yunmeng Jiang siguen tan ricas como siempre, su cabello apretado en un guan distinto de plata. La figura de Jiang Wanyin se siente tan real que él tiene un escalofrío cuando se sienta al lado de su cama y el colchón se hunde. Otro escalofrío corre hasta sus pies cuando los dedos desnudos de Jiang Wanyin le toman el cuello bajo la nuca y la aspereza del cuero de sus antebrazos rasca su piel. Traga difícilmente cuando Jiang Wanyin levanta su rostro y la punta de la bota de agua roza su boca. El agua corre tibia y él hace un esfuerzo consciente para no ahogarse en ella mientras le atraviesa la garganta.
—Hasta la inedia para un cultivador tan poderoso como tú tiene un límite —suena a regaño, pero su voz es tan baja que no se siente como tal.
—¿Por qué estás aquí?
Jiang Wanyin no responde. Lo que hace es ayudarlo a sentarse en la cama, acomodando varias almohadas sobre su espalda. No parece molesto con verlo casi desnudo, apenas la túnica interior mal amarrada y el pantalón. Cuando lo ve estable, Jiang Wanyin lo mira con esos ojos de acero y se mueve a la otra habitación.
Mientras lo espera, Lan Huan vuelve a recordar. Quizás fue el calor de su tacto, de los callos de sus dedos sobre su nuca, el que atrajo ese recuerdo. Jiang Wanyin estaba tan mal por la maldición, había avanzado tanto, que Lan Huan no pudo hacerlo solo una vez. El cultivo dual se realizó varias veces, durante horas. Y conforme había dicho, la incomodidad inicial de la primera penetración, se diluyó hasta que ambos estaban absortos en su propio placer.
La energía que corría a través de su núcleo y abrazaba el de Jiang Wanyin, fue maravillosa. Mientras lo sujetaba sobre la cama y Jiang Wanyin jadeaba entregado en su propio placer, la sentía quemar e hinchar sus venas, tensando cada músculo. Varias veces sostuvo la mandíbula de Jiang Wanyin solo para asegurarse de ver todas sus expresiones. La forma en que pestañas temblaban mientras miraba el techo, intentando no verle directamente quizá por vergüenza. La forma en que mordía su labio y luego soltaba el gemido ahogado, lo tentaba a besarlo.
Lan Huan quiso besarlo. Y cuando ese deseo se volvió casi infrenable, tan horrorosamente fuerte que parecía querer salirse de sí mismo de lo mucho que miraba su boca y saboreaba sus propios labios con hambre, Lan Huan se apegó más a su cuerpo, lo aprisionó bajo él mientras acariciaba con su nariz el cuello de Jiang Wanyin y besaba allí todo lo que encontraba, la sal de su sudor, los temblores de su cuerpo, la vibración de su voz. Y apretaba más y Jiang Wanyin acariciaba casi arañando su espalda buscando a qué sujetarse.
—Lo haces bien… —recuerda haber dicho contra su oreja—. Muy bien, Wanyin…
Quería decirle que era hermoso, que era fascinante verlo, que le permitiera besarlo, pero sabía que ese no era su lugar. Que al menos que Jiang Wanyin iniciara el contacto, no buscaría hacerlo. No se aprovecharía de esa ocasión, del placer de Wanyin, para pedir algo egoísta.
Y Jiang Wanyin ahora está allí, sentado a su lado mientras escurre una cucharada de conge solo iluminado por un par de velas y la luz de la luna que se cuela en la noche.
—¿Qué haces aquí? —dice, con la cuchara extendida al borde de su boca.
—Si tomas esta cuchara, te responderé.
—No deberías…
La cuchara entra a su boca en un descuido y su rostro se arruga por completo. Quiere escupirlo, ofendido, pero los ojos de Wanyin están tan afilados y su cuerpo tan necesitado que pronto traga.
—No voy a dejarte morir.
La sorpresa lo aturde lo suficiente para dejar que otra cuchara invada su boca y el líquido caliente corra por su garganta. Jiang Wanyin no se detiene, sino que le da otras tres cucharadas más, hasta que Lan Huan aparta su rostro sintiéndose mareado.
—Deberías irte… no me debes nada.
—¿Deber? — escucha el desdén de su voz, pero Lan Huan no lo busca con la mirada. Solo traga, con el sabor del congee en la boca.
—Entiendo por qué lo haces… crees que me debes la vida y por tanto, intentas hacer lo mismo. No pierdas el tiempo conmigo, Jiang Wanyin. No hay deuda conmigo.
El silencio se vuelve tan pesado, que siente que le aplasta. No hay respuesta de Jiang Wanyin, ni en voz, ni en sus movimientos. No se levanta enojado, no suspira exasperado. Solo se queda quieto con él y parecen congelados por el invierno que no termina de llegar. Entonces a Lan Huan le viene el pensamiento de que ya casi se cumplirán un año desde que ocurrió esa noche. Desde que levantó varias veces a Jiang Wanyin, lo sentó sobre su regazo mientras lo penetraba y Jiang Wanyin se abrazaba a él ocultando su rostro contra el hombro, lleno de vergüenza, necesidad y placer sordo. Sus núcleos abrazados, sus cuerpos unidos en lo más íntimo. Sus corazones conectados, retumbando bajo el mismo ritmo.
Ante el brillo de las velas, el rostro de Jiang Wanyin se ve endurecido. Apenas un mechón desordenado de su trenza se alza en una curva indecorosa para el nivel de control de su dueño, y la nariz afilada parece congelada, al igual que su mandíbula. Difícilmente, se le ve tragar.
—Está bien —finalmente dice, con ojos fríos—. Es una deuda y no me voy a quedar quieto hasta pagarla.
—Estás rompiendo las reglas de Gusu…
—Puff —suelta, echando su cabeza hacia atrás y volviendo al ataque con un tazón de congee y una cuchara de arma—. Si vieras la manera en que rompí las reglas en Lanling Jin, creeme que esto es un juego de niños.
—¿En Lanling Jin?
—Hace unos días llegué a la torre y golpeé a cuatro ancianos que estaban confabulando contra Rulan. Lo hice con Zidian. Los malditos cayeron al suelo babeando y llorando pidiendo misericordia.
Lan Huan deja caer la mandíbula de sorpresa mientras Jiang Wanyin aprovecha el momento para meter otra cuchara.
—Si creen que me voy a quedar quieto en Yunmeng Jiang respetando reglas mientras amenazan la vida de la gente que me importa, se pueden estar jodiendo. Ya no voy a quedarme a observarlo.
Sus palabras lo martillan contra la cama, dejándolo inmovil. Jiang Wanyin no levanta el rostro, no lo mira, pero lo que ha dicho tiene el peso de una montaña y Lan Huan no sabe cómo manejarlo.
La gente que le importa… ¿él está entre ella? ¿O lo dice porque con él dentro de la reclusión, no podría apoyar a Jin Ling apropiadamente en su ascenso a Líder Jin? Cuando pasó lo de esas noches, Lan Huan no pudo evitar quedarse atrapado en espiral en los recuerdos, el sabor, el olor y el tacto de Jiang Wanyin. Pero no tuvo una señal de que eso pudiera alargarse.
Cuando lo tuvo por última vez de espaldas, con su boca saboreandole la nuca a Jiang Wanyin, con la voz gastada de tanto gemir, se aferró a él sin desear que terminara. Los últimos vestigios de la maldición se estaban diluyendo ante la fuerza del intercambio de energía y el cultivo dual; podía sentirlo, pero sus dedos estaban abiertos contra el pectoral de Jiang Wanyin para sentir al corazón golpear con rapidez contra su piel, mientras su boca estaba en el borde de la arteria en el cuello para saborear el pulso. Hambriento, ansioso, necesitado más.
Esa última vez fue tan fuerte que incluso su energía se diluyó. La fuerza del orgasmo y del quiebre de la maldición lo absorbió por completo y Lan Huan no recuerda en qué momento se quedó dormido. Solo sabe que fue sobre el cuerpo de Jiang Wanyin, saboreandolo, oliéndolo, tocándolo. Pero cuando despertó, pérdido, la habitación había sido casi limpiada, excepto por las sábanas. Sus túnicas estaban perfectamente guardadas y dobladas sobre un cofre. Las comidas y bebidas fueron recogidas, al igual que lo poco que quedó del aceite.
Su energía apenas se estaba recuperando, pero parecía que había pasado casi mediodía. Jiang Wanyin no estaba por ningún lado y solo había una bañera con agua caliente mantenida por un talismán lista para bañarse. Aturdido, recuerda que salió después de bañarse y vestirse y había un siervo al pendiente de sus necesidades. Le pidieron quedarse en la habitación mientras le llevaban comida.
Él preguntó por Jiang Wanyin, pero no le respondieron.
Cuando le llevaron comida suficiente para alimentarse, acorde a los gustos de Gusu Lan, todos los sanadores de Yunmeng Jiang, incluyendo la anciana de Meishan Yu, se acercaron y se arrodillaron ante él en señal de agradecimiento.
«Yunmeng Jiang le agradece por el favor dado. Jamás olvidaremos y en cualquier momento, que Gusu Lan recuerde que Yunmeng Jiang será su principal aliado».
El agradecimiento vino de ellos y luego del discípulo final que lo acompañó esa madrugada para abandonar el muelle por un lugar escondido. Jiang Wanyin no se presentó ante él y Lan Huan, siendo honesto, no esperaba un agradecimiento.
Él esperó alguna ventana, alguna rendija, para continuar lo que había iniciado bajo otros términos. No hubo ese espacio. No pudo haberlo. Si su idea fue esperar a la conferencia entre sectas para acercarse, dar tiempo para que esos seis meses fueran suficientes para que Jiang Wanyin entendiera lo que ocurrió, todo quedó en nada.
Esperar nunca ha servido… Su paciencia siempre fue condenada como inacción, como debilidad, como apatía. Lan Huan intenta moverse de su cama hasta el cuadro abandonado con un nudo en la garganta. Quita la tela sobre él mismo para ver como los colores lucen incompletos, los trazos no lo suficientemente brillantes como esperaría. Aprieta el lienzo con la impotencia que le llena al verlo así. Odia lo que ve. Odia lo que significa. Odia la soledad, el silencio, la nostalgia y la ira hacia él. Quisiera a veces simplemente lanzarse del pico más alto para que no quedara nada de él. Aprieta mientras las lágrimas le llenan la cara y los dientes se aprietan entre ellos.
Hasta que el crujido estalla y la madera sede, hasta que el lienzo se rasga y Lan Huan solo quiere destruir.
Ríe ahogado entre sus lágrimas cuando entiende que lo único que puede sentir en él es eso: vacío, ira y desesperación por el peso de la espada en su mano ensangrentada, por la melodía que ya jamás podrá volver a escuchar, por la memoria de Nie Mingjue convertido en un cadaver feroz rompiéndole los huesos al cuello de a-Yao después de que él lo lanzara lejos, evitando así que compartiera su destino.
En el suelo, derrumbado y sin fuerzas, ve la luz del sol escurriéndose por el piso hasta que desaparece. Allí, con un ligero ardor sordo en sus manos, ve el momento en que la puerta es abierta y la luz plata de la luna envuelve los hilos brillantes de la túnica Jiang. Está mudo de dolor y de apatía cuando Jiang Wanyin lo levanta del suelo y lo lleva a la cama. Está sumido en su propia cabeza cuando lo ve recoger los restos del lienzo y pinceles y telas para limpiar el desastre.
Esa noche no habla. Lan Huan simplemente lo ve salir. Es luna creciente cuando eso ocurre y es luna llena cuando vuelve de nuevo. Esta vez lo levanta de una esquina en donde estuvo intentando meditar y quedó envuelto de nuevo en esa espiral horrible donde repite una y otra vez lo que pasó en el templo. El tiempo no hace nada para que sea más fácil, solo lo espesa, tan fuerte, tan pesado, que le ahoga la respiración. Y en esas noches simplemente se queda allí atascado, hasta que amanece y su cuerpo pide algo: evacuar, dormir, comer, beber… algo. Algo que diga que aún está vivo.
Es raro que alguien lo recoja así. Ha hecho un esfuerzo consciente para que su shufu no vuelva a encontrarlo así.
Esta vez, cuando Jiang Wanyin lo pone sobre la cama, Lan Huan se aferra a su túnica en la espalda.
Jiang Wanyin no se mueve mientras se queda de píe allí, como un árbol. Solo escucha su respiración sorprendida en un primer momento y luego como se va acompasando. No responde tampoco el abrazo, pero a Lan Huan no le importa, está desesperado por sentir algo diferente, por sostenerse a algo. Lo hubiera hecho fuera Jiang Wanyin, fuera su shufu, fuera su hermano que no ha ido a visitarlo o fuera alguno de los dos fantasmas… lo hubiera buscado de cualquiera.
Sin embargo, cuando siente el roce de los dedos callosos sobre su rostro mojado, algo ínfimo se enciende en alguna parte de él. Lan Huan levanta su mirada solo para ver el perfil de Jiang Wanyin mirando la ventana donde se filtra la luz, con su rostro siempre duro, pero sus ojos ligeramente suavizados por algo.
—Vienes cada semana… —murmura ya acostado. Jiang Wanyin acomoda la bandeja a un lado, con el tazón de congee vacío—. ¿Cuánto tiempo ha pasado?
—Dos meses. —Se sienta a su lado, mirando la ventana de nuevo.
—¿Con qué excusa?
—El ascenso de Jin Ling, el caos del mundo del cultivo, un contrato… ya se me están acabando.
—¿Shufu no lo sabe?
—Asumo que no.
—Por eso te vas antes del gon.
—Tengo que regresar a Yunmeng Jiang a primera hora.
—No duermes…
—Solo unas horas antes de la medianoche, en ese horario hay cambio de guardia. No han cambiado eso desde que estuve aquí estudiando.
—¿Por qué? —pregunta—. Lo que hice… no fue esperando alguna devolución de tu parte. Entiendo que fue solo eso, romper una maldición. Te dije que lo que ocurriera esas noches, no diría nada de los dos.
—¿No diría nada? —Jiang Wanyin repite, sin mirarlo. Sus ojos parecen puestos en algún lugar de la pared.
—No significa nada.
Lan Huan deja escapar su aliento cuando Jiang Wanyin se levanta de la cama, visiblemente afectado. Todo lo que puede hacer es estirar el brazo para tomar la túnica antes de que se escape por completo de él. Sabe que es un movimiento inutil, porque no tiene suficiente fuerza y si Jiang Wanyin lo quisiera, solo tendría que quitar la tela de su mano. Sin embargo, eso lo detiene, mirando con aprehensión el punto donde su puño atrapa la tela.
—Por favor, quédate.
—¿Por qué? Acabas de decirlo, solo te usé para destruir una maldición. No hay razón para estar aquí.
—De todos modos…
—No sé que estoy haciendo aquí —dice irritado, apretando los puños como si no supiera si quedarse o partir.
Sabe que si no dice algo, él se irá. Y por primera vez en esa noche, en muchas noches, quedarse solo suena aterrador.
—Eres el único recuerdo que no duele recordar —murmura sintiendo su voz afectada por el desuso.
—Te usé.
—Me gustó ser usado de esa manera…
—Estás siendo desvergonzado ahora. —Jiang Wanyin aparta su rostro.
—Y admito que yo también lo hice. También te usé. —Relame sus labios para combatir la sequedad—. Jiang Wanyin, había pasado mucho tiempo sin estar con alguien.
Aprieta más la túnica.
—Por favor, quédate.
Eso parece suficiente para aligerar la tensión en su espalda. Jiang Wanyin vuelve a mirarlo y por primera vez no ve ni frío, ni hielo ni acero en su mirada. Hay una extraña capa de vulnerabilidad en sus ojos almendrados. Casi como si fuera el mismo hombre que encontró en esa habitación aquella vez.
—Iré a buscarte agua.
Aunque el primer instinto de Lan Huan es aferrarse a la túnica, lo suelta y le permite moverse. Jiang Wanyin cumple con lo que dice. Sale a buscar el agua y regresa con el cuenco para que él pueda beber. A pesar del cansancio y el mal uso de su cuerpo, logra sentarse y acomodarse para beber. Trago tras trago alivia el malestar y se siente un poco mejor. El cuenco es tomado por Jiang Wanyin y dejado a un lado, antes de que él se anime a sentarse en el borde de su cama. Y por primera vez no ve la espalda tan firme, tan dura, como en todas las conferencias entre sectas que vino después del asedio. Esta vez él se encorva, se inclina hacia el frente y mueve con inquietud las manos una sobre la otra.
—Estoy seguro que deben haber mejores recuerdos que visitar —dice Jiang Wanyin.
—Quisiera… pero si pienso en los últimos 15 años, todo lo que hay es guerra, masacre, muerte… pérdidas… a-Yao y da-ge, ambas sangre en mis manos. Si voy más atrás… solo están todas las expectativas de mi shufu, de mi hermano y de mi clan, todas aquellas que he decepcionado. ¿Puedes entenderlo…?
—Sí —susurra él. Lan Huan contiene el impulso de intentar jalar la cinta púrpura que cae de su cabello amarrado.
—¿Cómo sobreviviste?
—No tuve otra opción.
Cuando murieron sus padres, Jin Ling apenas tenía tres meses. Para el asedio, había cumplido los seis. Sabe, porque a-Yao fue muy comunicador al respecto, que a partir de allí prácticamente era tener a Jiang Wanyin visitando la torre cada semana, en las horas más intespectivas, para asegurar la salud y bienestar de su sobrino. Fue tanta la insistencia que le dieron el permiso de llevarse al niño a Muelle de loto.
—Este encierro te va a volver loco —susurra Jiang Wanyin mientras observa la habitación a oscuras.
—¿No lo estoy ya? Aún no estoy seguro si eres también un fantasma como a-Yao y da-ge visitando el Hanshi…
—¿Me veo como un fantasma?
—Quizás… — mira las manos que Jiang Wanyin tiene tomadas entre sí y surge un deseo impropio de tomarlas—. Pero estás aquí, ¿no es así?
—Sí.
—Y no es por una deuda, ¿verdad? —No reconoce el sentimiento que empujó esa pregunta, pero ahora que la ha soltado, algo anhela saberlo.
Y algo dentro también lo sabe. Alrededor de lo poco que conoce de Jiang Wanyin, del hombre que se dice ser mezquino, enojado y desagradecido, sabe que Jiang Wanyin no se esforzaría tanto solo por un sentido de deuda.
—Velo como quieras —dice, sin comprometerse a nada.
—Gracias.
Lan Huan mira su rostro con sinceridad, con el repentino cansancio.
—Gracias y lo siento…
Cae en un pesado sueño. Recuerda la torre dorada de Lanling Jin y los arrumacos de su hermano y Wei Wuxian, ahora lo sabe, mientras subían las escaleras. Lan Huan los miró con una mezcla de felicidad por la alegría visible en su hermano y de tristeza, por la imposibilidad que tiene de vivirlo. Como líder del clan, su deber de concebir no puede postergarse. Aunque disfruta de ambos cuerpos, su fascinación por el masculino prevalecía.
Y en esos últimos meses, tuvo la mente llena de imágenes de esas noches y no pudo hacer nada por ellas. Con el silencio de Jiang Wanyin, no encontró ninguna excusa para escribirle o para buscarle. La falta de “Gracias” dejó sin proceder a un “¿Podemos continuar?”. Y no iba a decirle desagradecido cuando a Gusu Lan vinieron regalos y muestras de agradecimientos en forma de especies, aunque el líder no se hubiera asomado.
Jiang Wanyin mostró en esa noche su inocencia sobre los actos amatorios, su falta de experiencia en todo, pero también la capacidad que tiene de sentirlo. No quiso ser presuntuoso con el pensamiento, pero para Lan Huan quedó claro que había sido la primera persona en la cama, aunque Jiang Wanyin hubiera respondido con una evasiva. Y no pudo sacarse eso de la cabeza.
Lan Huan se levanta de la cama días después, mirando con aprehensión la noche que dibuja un manto sin luz. Se esfuerza para ponerse de píe a pesar de la falta de energía y revisa en su cocina que haya hierbas adecuadas para un buen té. Busca medio arreglarse el cabello y se sienta en la sala, frente a la tetera y las tazas. No hay panecillos, ni dulces para acompañarlos y a esa hora, después del toque de queda, no debería recibir visitas. Si su calculo falló, seguramente no tendría ninguna.
Pero la puerta suena, se abre y Jiang Wanyin aparece en el borde sorprendido de encontrarlo sentado con solo una vela encendida en la esquina.
—Lo lamento, Jiang Wanyin, solo tengo hojas de té para servirte. —Jiang Wanyin lo escucha y mira la mesa servida. Luego lo contempla y su ceño se enfatiza.
Sin decir nada, Jiang Wanyin se regresa para tomar la bandeja que hay en la entrada y cierra la puerta tras él. Se sienta frente a Lan Huan y acomoda los platos al lado del juego de té, pero lo complementa con una bolsa que saca de su traje, oliendo dulce.
—Son dulces de nísperos de Caiyi. Podrán acompañar el té.
Lan Huan sirve como anfitrión las tazas y Jiang Wanyin esparce los dulces sobre un tazón. La vela débilmente puede iluminar la estancia, pero no hace falta mucho para acompañarlos. Lan Huan ya lo está mientras mira a Jiang Wanyin beber de la taza y volver a ponerla en la mesa. Él hace lo mismo, esforzándose por no sentir náuseas.
—Ya que estás aquí… podrías complacerme con un tema de conversación. —Lan Huan lo mira al dejar la taza en la mesa—. ¿Harías eso por mí?
—¿De qué trata?
—Es una pregunta incómoda, lo sé. Pero ya he tenido respuestas horribles a cosas que ni siquiera me preguntaba y la certeza de no tener respuestas de cosas que igual me asustan. Esta es… la más agradable de ellas. —Lan Huan se relame los labios mientras mira la aprehensión de Jiang Wanyin—. ¿Estás aquí porque para tí sí significó algo lo de esas noches?
Jiang Wanyin se tensa, su espalda derecha tiembla como si se le dificultara mantener la compostura. No responde, solo mira hacía el borde de la mesa, o una esquina del suelo .
—Sé que fui la primera persona… eso puede ser muy impresionante para algunos. Pero honestamente, no pensé que significara algo debido a tu silencio después.
—¿Y qué querías que te dijera? ¿Gracias por follarme hasta el cansancio para romper la maldición y lo siento por la molestía de haberte obligado a hacerlo?
—Nunca me sentí obligado.
—¿Ah no? ¿Cómo le llamas enviarte la misiva para que fueras? ¿Saber que sin eso estaría muriendo?
—Yo…
—Si vamos a ser honestos, ¿qué carajo estabas pensando para ir, Lan XiChen? Les dije que te enviaran en la misiva lo que tenías que hacer para no hacerte perder el tiempo viajando a Muelle de Loto. Estaba seguro de que al ver lo que había que hacer, te negarías. Estaba escribiendo mi testamento esa noche cuando llegaste, porque apenas supe lo que tenía que hacerse, estaba seguro de que moriría.
—¿Por qué estabas tan seguro? —pregunta intrigado, tratando de capturar la mirada de Jiang Wanyin—. ¿Por qué creías que no era manga cortada para considerarlo?
—Evidentemente me equivoqué.
—¿Y tú lo eres también?
Lan Huan toma uno de los dulces mientras espera la respuesta de Jiang Wanyin. Por supuesto, no hubo ninguna. Mientras mastica, observa como Jiang Wanyin mira a un lado, escapando de su escrutinio mientras su cuerpo está tenso.
—¿Se ha enamorado, Jiang Wanyin?
—¿Me ve casado, acaso? —escupe Jiang Wanyin, enfrentándolo por un momento.
—Sería mucho decir que estar casado significa estar enamorado, sobre todo para nuestro estatus. —Sus palabras calan en él, porque solo traga con dificultad sin desviar la atención—. Esto que te diré, te sorprenderá. Consideré que a-Yao era afortunado por casarse con la mujer que amaba. Llegué a envidiarle, a pensar que me gustaría lograr algo así y por ello me negué a aceptar a cualquier partido, esperando que llegara ese encuentro mágico… qué destino más trágico resultó ser.
Los ojos de Jiang Wanyin siguen en él, atentos, mientras escucha. Lan Huan por primera vez se atrevió a hablar con alguien de Jin Guangyao desde su muerte. Se permite cuestionar todo lo que vivió con él, todo lo que significó el tiempo, sus palabras, sus halagos y sus sonrisas. Se permite llorar.
Jiang Wanyin no deja de mirarlo.
—Él incluso me preguntó muchas veces sobre lo que pasó. Sobre porqué había tenido que ir a Yunmeng Jiang tan pronto esa noche. Durante esos seis meses, en cada oportunidad que tenía, en cada carta que había… —seca sus lágrimas con las mangas largas—. Pensé que tenía espías en Yunmeng Jiang y por eso supo que estuve allí durante esos dos días… pero quizás era aquí, ¿no? Quizás nunca bastó que tuviera la ficha de jade.
—¿Lo supo? —Jiang Wanyin se ha tensado como la cuerda de un guqin.
—No… por supuesto que no. Dí mi palabra y la despedida fue clara para saber que estabas avergonzado y que no querías que se supiera. Luego pensé que debías odiar lo que ocurrió, que debía darte asco… ¿Fue así? Jiang Wanyin, todavía no entiendo qué haces aquí, aunque no puedo negar que no me molesta eso… Pero quisiera entender, ¿por qué estás aquí? ¿Qué fue lo que significó para ti? Si es por una…
—¿Deuda? —Jiang Wanyin le interrumpe y Lan Huan intenta verlo por sobre la humedad de sus ojos—. Por supuesto, no hay forma de que Sandu Shengshou haga algo por un motivo diferente, más de que esté en deuda.
—No, Jiang Wanyin —Antes de darse cuenta, le sujeta la mano sobre la mesa. Jiang Wanyin se tensa más.
—¡Claro que sí! ¡Es lo que has dicho desde el primer momento! ¡De haber sabido que perdía el tiempo…!
—Perder el tiempo en qué si no me has dich…
—¡En todo! ¡Contigo, con Wei Wuxian, con…!
—¡No me compares con él!
Para Lan Huan, la ira repentina que siente solo puede ser porque aún recuerda el sufrimiento de su hermano. Esa ira ahora no importa. Wei Wuxian está con él viviendo felices en quién sabe dónde y ahora reconoce que tiene esa ira también porque se lo ha quitado. Y resentimiento hacia su hermano… quién lo dejó solo, ahora, cuándo más lo necesitaba, cuando…
La risa despiadada de Jiang Wanyin corta el hilo de sus pensamientos mientras ve rojo y siente sus ojos arder de lágrimas derramadas. No es una burla, no, parece un estallido de presión que se dispara con la fuerza de un geiser. Incluso todos los músculos de los hombros de Jiang Wanyin se relajan.
—No pensé ver tanto enojo para él —murmura, con un deje de sorpresa en su voz. Lan Huan nota tardíamente que aún le tiene la mano, apretada, temblando.
—¿Y cómo no…? Fue capaz de hacerse el ciego ante los sentimientos de mi didi, lo hizo pasar un tormento, ¿y todo para fingir que nada había ocurrido? Claro… después de ver cómo ignoró que a-Yao te había lastimado frente a sus ojos porque te distrajiste para salvarlos, no me sorprendió en lo absoluto.
Su agarre se debilita, pero ahora es la mano de Jiang Wanyin la que sostiene su mano sobre la mesa. Lan Huan siente su toque, la forma en que reafirma su presencia a pesar de que él empieza a encorvarse, a usar su mano libre para tapar su rostro, a sentir que las lágrimas caen por sí solas. Gime ahogado con un ardor en su pecho.
—Sé que estoy siendo injusto… Sé que Wangji sufrió mucho cuando lo perdió, sé que… sé que no fuímos tampoco justos con el joven Wei, pero… ¡pero no puedo dejar de sentir esta rabia! ¡Esta miseria! ¡Este… sentimiento tan horrible de enojarme contra mi didi, de esperar que esté aquí cuando soy el mayor… cuando… yo debería ser… ¡yo no debería estar aquí en primer lugar! ¿Cómo puedo reclamarle? ¿Cómo puedo esperarlo?
Siente que le sueltan la mano y él simplemente se cubre con ambas, apretando la base de sus palmas sobre los ojos como si quisiera detener la filtración.
—¡Y me enoja! Por qué vi como te derrumbaste frente a él e hizo lo mismo que antes ya había hecho con Wangji y… ¿cómo puede ser tan ciego ante tu dolor? ¿Pero quién soy yo de cuestionarlo? ¿No fui yo igual de ciego? ¿No fui igual de ciego con da-ge? ¿Con a-Yao?
Su voz se deshace en un gemido atribulado cuando siente el calor sobre su rostro. Jiang Wanyin ha puesto una mano firme sobre su hombro y eso es todo el permiso que Lan Huan necesitaba para volver a deshacerse, como si su alma tuviera agujeros donde se colara toda la rabia, todo el dolor, todas sus preguntas sin respuestas y toda su angustia. Se aferra a las túnicas púrpuras y llora aún más, hasta que se queda sin fuerzas.
Hasta que solo puede respirar a pedacitos, como si no hubiera suficiente espacio en sus pulmones para retener el aire. Jiang Wanyin no se ha movido de su lugar, convirtiéndose en esa piedra dura a la que se aferra para no hundirse. La vela aún iluminan a los dulces siguen en la mesa, la comida a medio probar y las dos tazas de té vacías.
—¿No estás enojado con él? —pregunta Lan Huan, con la voz rasposa y la mirada fija en las sombras de él abrazado a Jaing Wanyin que se ve en la otra pared.
—Ya no.
—Entonces has alcanzado otro nivel en tu alma, Jiang Wanyin, porque yo solo puedo sentir rabia, enojo… ira.
—Tuve la respuesta que necesitaba… de esas respuestas que nadie quiere saber. Y en cambio, yo no puedo decirle a Wei Wuxian la mía sin caer en este juego de deudas que detesto.
—Entonces… —Sus ojos van hacía el vientre de Jiang Wanyin, el lugar donde debe estar girando, si entendió bien lo que ocurrió en el templo, el núcleo de Wei Wuxian—. ¿Fue el devorador de núcleo?
Levanta la mirada para notar la forma en que Jiang Wanyin traga, mientras lo ve con ojos brillantes de humedad. La sonrisa cansada, hastiada, dice más que cualquier palabra.
—Intenté salvarlo y acabé así, él intentó hacer lo mismo y… acabó así. Ojalá las intenciones bastaran, Lan XiChen.
—¿Lo sabe?
—No.
—Entonces… —Lan Huan abre mucho sus ojos—. ¿Por qué me lo dices?
—¿Por qué más iba a ser? Por la misma razón por la que pedí que si iban a convocar a alguien para salvarme, fuera solo a una persona. ¿O cree que esas cartas llegaron a todo Jianghu a ver quién aparecía? Solo hubo una y solo iba dirigida a una sola persona.
La sorpresa lo conmueve mientras Jiang Wanyin se aparta y se levanta del suelo.
—Después de lo que pasó… después de lo que has visto de mí, ¿aún puedes confiar? Después de haberme dejado engañar de a-Yao…
—¿Qué dices? ¿Juzgarte por creer ciegamente en quién considerabas un hermano? El infierno es demasiado pequeño para todos nosotros si ese es nuestro crimen.
Hay algo encendido dentro que no duele…
—Tengo que irme, Lan XiChen. Regresaré en una semana.
—¿Con qué excusa?
—Ya se me ocurrirá alguna.
Lan Huan lo ve partir con un alivio incansable en su pecho. Sin embargo, su hermano con Wei Wuxian regresan a Receso de las nubes durante esa semana, y como era de esperar, Jiang Wanyin no fue. No hay lugar para una carta, tampoco para un aviso. Simplemente su presencia desaparece del Hanshin y el frío del invierno entra fuerte dentro de la sala llenando el espacio que dejó sus cortas visitas.
Sus palabras no son necesariamente un consuelo, sino una oportunidad abierta en una pequeña rendija. Se presenta tan minúscula que sería fácil ignorarla, pero está allí, latente, como una vela encendida en una casa oscura. Mientras Lan Huan mira a su shufu servir el té y comentarle sobre los preparativos del banquete y Wangji aparece en su Hanshi mirándolo con preocupación, esas palabras permanecen en él discutiendo con sus propios pensamientos.
La rabia inicial se va disipando junto al calor de los días, y solo queda la pesadez, la desazón y la tristeza. Y justo en esos momentos, no piensa en lo que ha perdido con amargura ni en lo que le espera con ansiedad, sino en esa pequeña abertura. Jiang Wanyin apareciendo en clase y tratando de seguir las reglas cuando estuvo solo sin Wei Wuxian, Jiang Wanyin apareciendo en Gusu Lan escondido para decir que está dispuesto a acabar con cada Wen con sus propias manos. Recuerda que al verlo, deseó darle esperanza y consuelo después de la horrible pérdida, y puso su mano en el hombro del joven, demasiado joven, líder de secta Jiang para ver cómo sus ojos brillaron al saberse visto.
Jiang Wanyin dijo que él buscaría a su hermano y, mientras tanto, saqueaba los puestos de vigilancia de su territorio y Lan Huan le creyó.
Jiang Wanyin le dijo que su hermano podía controlar el cultivo demoníaco y que podría ser útil en batalla, y le creyó.
Jiang Wanyin le dijo que podía defender el puesto de avanzada de Lanling Jin y Lan Huan le creyó.
Cada acto de confianza fue respondido por un acto de confianza similar.
—Xiongzhang.
Escucha la voz de su hermano, en una nueva visita cuando el hielo se empieza a descongelar en el borde de su ventana. Han pasado ya varias lunas, las ha dejado de contar.
—Lo siento, Wangji, me perdí en mis pensamientos. —Pone la taza fría de té en la mesa y observa la expresión preocupada de su hermano—. ¿Me decías algo? Era… la cacería nocturna de…
—Sobre el viaje a Yunmeng. Wei Ying quiere ir.
—Oh, sí, cierto… Tienes libertad de moverte, Wangji. No necesitas pedirme permiso.
Su hermano lo mira con una silenciosa preocupación, pero Lan Huan no da más píe a pensar en ello. Da vuelta a la taza de té y se imagina a Jiang Wanyin siguiendo la misma rutina de siempre, la misma que usó para salir de la cama y levantarse para continuar con su liderazgo como si la vida no se hubiera ensañado con él. Una maldición, una masacre, un sacrificio, un asesionato… nada parecía poder detenerlo. ¿Qué otra excusa hubiera sacado? ¿Hasta cuándo tendría excusas?
Una rendija sigue filtrando luz. Ya él no puede ignorarla.
—Xiongzhang.
—¿Mmm…?
—¿Qué es lo que piensa?
—¿En qué pienso? —No puede decir que en Yunmeng, en su líder y en las noches que lo visitó a hurtadilla—. Pienso en sí eres feliz, Wangji.
Decide dirigir mejor la pregunta hacía su hermano. Lan Wangji es transparente en sus sentimientos si saben en donde buscar, si aprende a leer sus expresiones. Y su hermano es honesto cuando sonríe diminutamente, baja su atención a sus manos y su expresión se suaviza.
—Sí.
—¿Él te hace feliz?
—Sí, xiongzhang.
—Me alegra eso… Algún día me disculparé personalmente con él.
—Xiongzhang no necesita disculparse.
—Yo siento que debo hacerlo.
Mira a la ventana, al árbol de magnolia que empieza a sacarse de encima la nieve y el hielo y respira un renacimiento.
—Wangji, esta primavera promete mucho color este año.
—Xiongzhang debería salir a verla.
—Sí… quizá deba hacerlo.
Su hermano abandonó el Hanshi con un brillo más claro que la última vez. Quizá ver que ha estado comiendo mejor, sin dejar que las bandejas se enfríen afuera y que ha aceptado cada una de sus visitas semanales, le ha dado más tranquilidad sobre su estado. Tal vez le está dando esperanza de una pronta salida del Hanshi, aunque él todavía no se siente listo para enfrentarse a todos.
Intenta leer un libro, medita un incienso y luego vuelve a abrir a Shouyue y a verificar que la espada ha recuperado su brillo después de estos meses encerrada. Al final de la noche, antes del gon, se atreve a tomar a Liebing y a tocar la misma melodía que tocaba cuando recordaba a su madre, ahora uniéndose el lamento por sus dos hermanos jurados, aunque aún le tiembla la mano para tocarla. La flauta transversal suena como siempre: límpida, preciosa y conocida.
Así pasan sus días y así pasan sus noches. Así llega la primavera y reemplaza el blanco del invierno. Así florece la magnolia y los pajarillos vuelven a cantar en su ventana cuando amanece en vela. Así escribe decenas de cartas a da-ge y una carta a a-Yao que quema con la vela.
Esa noche mira hacia la puerta de su habitación, una luna llena, con un juego de té servido y dos tazas esperando. Toma el té solo mientras memora la última vez que lo miró, atrae de nuevo las palabras y se pregunta si allá en Yunmeng Jiang estará dormido, o quizás trabajando hasta tarde en los acuerdos o respondiendo cartas, capaz bebiendo sobre el Muelle de loto. Quizá está allí y se escurre entre los arbustos y las sombras de Gusu Lan, evade la vigilancia de los discípulos y se desliza entre el bosque de bambús.
Su corazón se congela con la certeza. Y luego retumba como el sonido de cientos de cascos, de miles de espadas chocando, de millares de soldados gritando. Grita más que la misma guerra. Mira ansioso hacia la ventana y ve cuando está se abre y la túnica púrpura aparece en la oscuridad. Nota la sorpresa de Jiang Wanyin al mirarlo en la sala.
Su corazón duele de lo mucho que late. Lan Huan se levanta del suelo mientras Jiang Wanyin cierra la puerta detrás de él. Apenas puede respirar.
—¿Realmente estás aquí?
—¿Acaso me veo como un fantasma? —suelta Jiang Wanyin con hastío, y pronto parece pensarlo mejor y esconder su mirada—. No pude venir antes porque tu hermano y…
—Pero hoy salieron de cacería nocturna con…
—Con Jin Ling. Eso me dijo.
—¿Cuál fue la excusa esta vez?
—Un viejo tratado hecho por mi padre con la antigua secta Cheng que…
Lan Huan no lo deja terminar. Lo empuja contra la pared, se aferra a su rostro con ambas manos y lo besa con la ansiedad acumulada, con el peso de los cien días que debió haberse ido. Y para sorpresa de Lan Huan, que quizá no pensó, que tal vez esperó que Jiang Wanyin lo empujara por la osadía, Jiang Wanyin se aferra a su espalda. Él se separa solo para tomar aire y empujarlo por la nuca a su boca. Lo enreda a su calor y su cuerpo y ya no importa nada.
Ni los muebles con los que tropiezan.
Ni las telas que sobran.
Ni la poca luz que los cobija.
Jiang Wanyin lo empuja a la habitación y Lan Huan toca todo lo que sus manos alcanzan.
El cinturón de plata cae. El cuero se acurruca con la seda. Lan Huan cae en la cama y deja que Jiang Wanyin se pose sobre él hambriento, necesitado, nervioso y expectante. Con el mismo anhelo y la misma intención de tomarlo todo. Lejos de la vista del mundo.
Sus bocas se encuentran una y otra vez. Sus besos se desvían a la mejilla, al cuello, bajo sus ojos y sobre su nariz. Lan Huan arranca el guan de su cabeza y desarma el rollo fuertemente amarrado del cabello de Jiang Wanyin y disfruta de la caída. Aprieta su cintura mientras Jiang Wanyin se quita la túnica pesada que aún lo cubre. Observa las trenzas que intenta deshacerse sobre su pecho desnudo y no hay ninguna maldición que los está obligando.
No una, al menos que él hecho de que esté pasando este encuentro sea una.
Debido a sus puestos. A lo que espera el mundo de ellos. Los hijos que deberán nacer y el título que deberán mostrar ante el mundo.
No importa cuando Jiang Wanyin le abre espacio para que él se acueste sobre él. Nada interesa mientras lo vuelve a besar y sus cuerpos encajan perfecto. La misma fascinación antigua vuelve con todas sus fuerzas y a Lan Huan lo único que necesita saber es si Jiang Wanyin le permitirá esto más tiempo. Sí podría tenerlo más veces fuera de esas paredes. Si tuviera la oportunidad de volver a sentir los dedos de Jiang Wanyin rascando su espalda, el peso de su muslo mientras lo sujeta y escuchar los gemidos contra su garganta mientras lo penetra. Así, vulnerable, desenfadado y pérdido en su placer. Con un ceño fruncido por la desesperación de sentir más y no saber qué hacer con ello.
Quiere más de esto.
Necesita más de eso.
Las horas se diluyen sobre su cama. La chispa se convirtió en un incendio. Cuando el amanecer llega y él abre sus ojos, Jiang Wanyin lo mira bajo su brazo, con las sábanas pegada en la cara, el cabello alborotado y los labios visiblemente resecos por los besos.
Y quiere más de esto.
—Hola.
—Buenos días —dice la voz ronca de Jiang Wanyin, antes de tapar su rostro con la mano—. Se me hizo tarde.
—Si sales detrás del Hanshi, puedes atravesar el bosque e ir hacia el sur. Encontrarás un buen lugar para meditar. Nadie se extrañará si regresas desde allí.
Jiang Wanyin lo observa por un largo rato antes de sonreír. Sale de la cama muy a su pesar y busca la ropa que dejó desperdigada. Todas las muestras de los apretones, besos y caricias se ven en su espalda. Toma del agua de su lavado para asearse rápidamente y se viste con la precisión que parece ser natural en él. Lan Huan lo sigue un poco más tarde, incluso se peina y se coloca la cinta como si fuera a salir, pero solo piensa acompañarlo al patio para que él huya sin ser visto.
Al abrir la puerta, la vista del bosque verdoso, del amanecer con sus colores azules, violetas y amarillos, de las flores que empiezan a verse tras su patio y las montañas nubladas en el fondo lo sorprende. El aire frío le golpea la cara y el canto de los pajarillos suenan como bienvenida. Suelta el aire abrumado.
—Lan XiChen. —Jiang Wanyin lo llama, a unos pasos de él. Verlo así da la apariencia que realmente se van a encontrar en una conferencia entre secta—. Ya han pasado seis meses.
—¿Seis meses?
—Desde que iniciaste tu reclusión. —Se sobrecoge cuando Jiang Wanyin se acerca un paso y captura la brisa al borde de su cinta. Su corazón brinca del cielo al infierno—. ¿El líder del clan Lan necesitará unos seis meses más antes de ir a Muelle de loto?..
Se queda sin aire.
La rendija se ha convertido en una explosión de luz ante sus ojos.
Su piel se enchina de solo saber que esa posibilidad era suya.
—El líder Lan puede ir en la primera floración de loto.
—Dentro de un mes.
—Dentro de un mes.
Esa misma tarde, Lan Huan termina su reclusión. Nadie cuestionó su deseó de visitar a Yunmeng Jiang, al lugar donde estaba la tumba de sus hermanos jurados. Tampoco las noches que fue recibido amablemente por el líder de secta Jiang en Muelle de loto.
Se inventarían más excusas.

Alesandria Fri 14 Nov 2025 09:38AM UTC
Comment Actions
Guanacowriter Fri 14 Nov 2025 01:30PM UTC
Comment Actions
Linabinni Fri 14 Nov 2025 03:14PM UTC
Comment Actions
Angievngsc Sat 15 Nov 2025 03:03PM UTC
Comment Actions
Nicleshaed Sun 16 Nov 2025 01:52AM UTC
Comment Actions
glosseanbo Sun 16 Nov 2025 06:45AM UTC
Comment Actions
TrashcanWithSprinkles Tue 18 Nov 2025 03:31AM UTC
Last Edited Tue 18 Nov 2025 03:31AM UTC
Comment Actions
Sofhi Fri 21 Nov 2025 03:59AM UTC
Comment Actions
TakanoSenpai Sat 22 Nov 2025 02:18PM UTC
Comment Actions
Dess_Dust Tue 23 Dec 2025 09:17PM UTC
Comment Actions